LA JUNTA DE VECINOS
Hoy me llegó una carta de las más desagradables de recibir. No era de Hacienda, que también pega palos de impresión por estas fechas, sino de la gestoría que lleva la administración de nuestro edificio. Y venía a decir lo mismo que un papel que hay pegado abajo, en el portal: ¡TENEMOS REUNIÓN DE VECINOS!
Que vale, que ya nos hemos enterado por el cartel, y no nos vamos a despistar. Iré con mi marido, los dos cogidos de la mano y con el testamento hecho por lo que pueda pasar. Porque sabemos que hay gente muy maja pero también otros tienen unos comportamientos de pirados y de írsele la pinza que no es normal. ¡Ufff!, ya me lo estoy imaginando: aburrida en el mejor de los casos, y violenta y con llamada al 112 en el peor. Y todo en la entrada, ahí, todos de pie como gilipollas.
Y cómo somos nuevos en esto, le he pedido consejo a mis amigas Nuria y Sandra, que ya se ha “comido” varias. Lo primero que me dijo Nuria entre risas fue:
– Bájate la espada nupcial, la vais a necesitar. Ya en serio. Las reuniones de vecinos son siempre iguales: hay un grupo que dice que el administrador es un ladrón, que le preguntarán por todo y le insultarán, otros tratarán de poner cordura y acabarán callados (porque los anteriores no les dejarán hablar), y luego está el imbécil del portal (el Estado reparte un imbécil por portal, como mínimo) que soltará tonterías que avergonzarán al resto. De hecho, cuando se comentó que había que hacer obra en el ascensor de mi bloque, un vecino dijo que mientras durase dicha obra debían de pagarle un hotel.
– Para mí, -respondió Sandra-, la más curiosa es la siguiente: nos convocaron a todos los vecinos para temas “diversos relacionados con la convivencia”. Bueno, se trataba de la iniciativa de unas abuelas que deseaban construir una capilla, y querían que todos colaboráramos, al menos con dinero. Unos tres o cuatro vecinos no estábamos dispuestos a participar en una derrama para esa chorrada, así que se montó una discusión tremenda porque las señoras alegaban que era injusto que no estuviésemos de acuerdo porque, según ellas, ¡¡¡¡nos beneficiáramos con la santidad del lugar!!!! No aguanté más, me carcajee en su cara, me di la vuelta y a los dos meses me mudé.
– Pase lo que pase, -añadió Nuria-, para que la reunión sea perfecta, ten en cuenta la presencia de los siguientes “elementos”:
- El jubilado.
- El jubilado cabrón.
- El que no paga los recibos.
- El vecino misterioso, casi nadie lo ve, y solo se presenta a las reuniones de escalera.
- El que baja fumando dentro del ascensor.
- Y el que siempre quiere hacer una derrama para poner más guapa la portería, ya que la de al lado ha cambiado la puerta del portal y es monísima.
– Un último consejo, -dijo Sandra.- Si os toca la presidencia, nunca, nunca, ofrezcáis vuestra casa para poder estar calentitos y sentados; vosotros de pie en el portal con la chaqueta y calambres en los pies.
– No os preocupéis chicas, van a nombrar nuevo presidente, pero por suerte no seremos nosotros. Nos lo dijo el presidente actual,… a no ser que estuviera mintiendo, claro.
Así que… queda una semanita. Sólo una semanita y tendré anécdotas de esas de “reunión de vecinos”.